La Imperiosa Necesidad II |
| Martes 14 de Febrero de 2012 09:54 | ||||||||||||
-Se pierde la esencia del juego:Falso. Porque quienes empujan este argumento ni siquiera podrían explicar bien a bien qué rayos es “la esencia del fútbol”. Es un argumento retórico, y no más. La esencia, decía Aristóteles, es aquello que hace a una cosa ser eso, y no otra cosa. El deporte es una actividad física creada para resaltar las virtudes del ser humano, no para acentuar sus defectos. Ésta fue la tesis central del Barón Pierre de Cubertin cuando restituyó los Juegos Olímpicos tras su centenaria defunción desde tiempos del Imperio Romano. Regresar al humano a su humanidad: al rescate de las virtudes que delinearon los pensadores griegos que poseía, aquellas que le permiten superar metas y competir con el otro a fuerza de lealtad, so pretexto de un premio más jugoso que todo el oro habido: el honor. Los griegos creían en la sudoración, el cansancio, y la entrega física, como un sacrificio a los dioses, un agradecimiento por la vida y la naturaleza, una especie de ritual que pretendiera agradar los dioses del Olimpo mediante entregar el máximo esfuerzo físico que “humanice” al humano, y lo acerque, de alguna forma, a una instancia de semi-deidad; ser Dios en la tierra: la perfección. Así, el deporte debe de disminuir en la medida de lo posible el error humano y ayudar a que sus virtudes crezcan con la práctica del deporte. La esencia del fútbol no corresponde al error humano (en este caso del arbitraje).Eso supone un error brutal. Otros deportes tuvieron un comienzo tan romántico como el fútbol. El tenis y el rubgy (incluso el rugby, tal vez el deporte de escala mundial más tradicionalista que hay, que aún privilegia estos principios griegos de lealtad y honor, heredados de los viejos juegos celtas), se han visto obligados a modificar sus reglas en pos de mejorar el espectáculo. Renovarse o morir. Se puede evolucionar siempre y cuando los valores instrínsecos del juego permanezcan. Otras reformas de la FIFA, en cambio, han desvalorizado al juego, más de lo que lo haría la tecnología: (libre mercado, intercambio de jugadores, patrocinadores, regímenes de transferencias, y un largo etcétera).
-Se pierde la continuidad del juego:¿No se pierde ya demasiada continuidad cuando los jugadores fingen faltas, o cuando el jugador y el árbitro discuten sobre alguna marcación? En el fútbol hay movimiento constante. Intercambio de posiciones y un balón que no deja de rodar. Un partido de béisbol puede durar incluso más de cinco horas, lo mismo que uno de tenis. Pero el arbitraje en ellos fue eficaz y el resultado del juego, la mayoría de las veces, absolutamente justo. ¿Que más da sacrificar unos cuantos minutos, si las decisiones arbitrales pueden ser corregidas en favor de quien haya sido injustamente perjudicado por un error de apreciación? -El fútbol no debe de cambiar, debe permanecer con las mismas leyes:El peor de los argumentos. Ya lo mencioné: renovarse o morir. El cambio no supone, necesariamente, la caída de los valores entre los cuales fue cimentada tal o cual cosa. La esencia no cambia. La identidad queda impresa desde el nacimiento de algo, y se mantiene intacta hasta el día de que desaparezca, decía Cortina Izeta. La esencia del deporte no se pierde, sólo se modifican ciertos aspectos que ayuden a preservar de mejor manera la esencia del juego. De hecho, El fútbol ya ha modificado varias de sus reglas originales. El uso de tarjetas amarillas, los tres cambios de jugador, la prohibición al portero para tomar un balón pasado con el pie con sus manos, el color de la vestimenta del árbitro, entre otras tantas; son cambios significativos que se han hecho a lo largo del siglo y medio en que este deporte ha existido. Y en su momento, ninguno de estos cambios fue tachado de ser "anti-esencia" y empero, fueron aplaudidos, pues significan la evolución del juego. ¿Qué más da modificar otra regla cuando esta fomentará la práctica de un valor humano ideal y básico: la justicia?
|

